24Marzo2017

EIP Magazine

LA MUERTE/LA RENUNCIA DEL PAPA: TODO ATADO Y BIEN ATADO

* Por Sergio Escalera

escudo 1Juan Pablo II había nombrado a todos los cardenales que iban a elegir a su sucesor (a todos menos a Ratzinger, nombrado cardenal por  Pablo VI), y había establecido también hasta el último detalle de todo el procedimiento con que lo harían. Nunca un cónclave había estado tan atado y bien atado: habilitó el lugar donde vivirían los electores, dirigió una rehabilitación de la Capilla Sixtina y revisó y actualizó la normativa que rige la elección papal o cónclave con la constitución apostólica  “Universi dominici gregis” (“De todo el rebaño del Señor”) que establecía tanto las normas por las que se regiría la Iglesia a su fallecimiento como el sistema de elección de su sucesor, el 22 de febrero de 1996.
Todo el proceso de sucesión papal dura aproximadamente un mes a partir del fallecimiento del Santo Padre.
La renuncia de Benedicto XVI da paso a un cónclave con 117 cardenales electores nombrados en su mayoría por Juan Pablo II

 

 Sede Vacante

Durante el tiempo que transcurre desde la muerte/renuncia de un Pontífice hasta el nombramiento de su sucesor, el período denominado “sede vacante”, los cardenales viajan a Roma para ocuparse de la administración de la Iglesia en lo que se refiere a la asistencia a los funerales por el Papa y la elección de su sucesor. Y no se asume ningún otro tipo de medida organizativa hasta que no se elige al nuevo Pontífice. El máximo responsable de la Iglesia católica durante la Sede Vacante  es el Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia romana.
Tras la muerte o la renuncia del Papa, cesan todos los altos cargos de la Santa Sede excepto tres: el Camarlengo, el Vicario de Roma y el responsable de la Penitenciaría Apostólica, que es el encargado de la logística en la basílica de San Pedro. sillaEsta costumbre tiene su origen en el Antiguo Egipto, cuando los faraones se hacían enterrar con sus servidores, arrastrándolos a una muerte común (así, en sentido figurado, claro, el Papa difunto se lleva a los suyos por delante).

La renuncia de Benedicto XVI al papado cambiará unos rituales ancestrales y curiosos que se iniciaban con el momento de la agonía papal.
Antiguamente para verificar si el Papa se estaba muriendo, su médico de cabecera aproximaba a los labios del agonizante una vela encendida. Si la llama se movía era porque aún estaba vivo. La operación se repetía las veces que fuera necesaria, hasta que la llama permanecía inmóvil. Hoy ya no es así  y lo que hace el médico es determinar la muerte con otras técnicas más habituales.
Una vez que el médico confirma con un gesto la defunción del Pontífice, el prefecto de la casa pontificia coloca un velo blanco sobre el rostro del cadáver y anuncia oficialmente la noticia de su fallecimiento: “¡el Papa ha muerto!”
Se inician entonces un conjunto de ritos muy antiguos que el paso del tiempo no ha eliminado todavía. El cardenal Camarlengo entra en la habitación escoltado por un destacamento de guardias suizos con alabardas (que simbolizan su nueva autoridad) para asegurarse oficialmente de la muerte del papa.

El maestro de ceremonias, que es de lo que ejerce el Camarlengo, tras una breve oración, se acerca a la cama, retira el pañuelo que cubre el rostro del Papa e, inclinándose hacia el difunto, llama tres veces consecutivas al Santo Padre por su  nombre de pila. Después golpea su frente otras tres veces con un pequeño martillo de plata y mango de marfil. Al no obtener respuesta alguna tras esta verificación concluye: “Vere Papa mortuus est” (“En verdad el Papa ha muerto”).
A continuación le retira el “anillo del pescador”, símbolo del poder pontificio (su reinado ha terminado). Este anillo, junto con el sello de plomo pontificio, se destruirá con golpes ante los cardenales en su última congregación general. El Papa será papa3enterrado sólo con su anillo de oro, símbolo episcopal. La costumbre viene de la Edad Media, cuando el anillo era usado como sello papal en los documentos. Todos sus efectos personales serán retirados de sus habitaciones. La residencia será sellada con cinta adhesiva y un sello de cera. El notario de la Cámara apostólica levanta acta de todo lo que acaba de desarrollarse. Las campanas de San Pedro anuncian a la ciudad y al mundo que el Papa ha muerto.
Las reglas vigentes prohíben fotografiar o filmar el cadáver del Papa, aunque el Camarlengo puede permitir que se tomen fotografías con finalidad documental, pero siempre que el cadáver luzca las vestimentas papales (sotana blanca, roquete, estola, casulla roja, la mitra sobre la cabeza, y el báculo junto a su cuerpo). El cuerpo permanecerá tres días en San Pedro, antes de las exequias solemnes.

 

 

“El Papa ha muerto, acuda de inmediato”

papa4Aunque la noticia se extenderá rápidamente por todo el mundo, el protocolo establece detalladamente cómo ha de hacerse público el fallecimiento. El Camarlengo se lo comunica al Vicario de Roma a quien corresponde anunciar a la ciudad de Roma que su obispo ha fallecido. El Decano del Colegio Cardenalicio lo hará al resto de los cardenales mediante telegrama (Pope dead, attend a.s.a.p.) para que acudan de inmediato a Roma, a los embajadores acreditados ante la Santa Sede y a los Jefes de Estado que se considere oportuno.

 

 Las congregaciones generales

Las congregaciones generales son reuniones diarias que mantienen los cardenales durante la sede vacante. Podría decirse que son el equivalente (lejano) de lo que sería una campaña electoral, con la peculiaridad de que los que participan en ella se van incorporando conforme van llegando a Roma. Para la elección de Benedicto XVI se celebraron doce.
Pueden asistir a ellas también los cardenales mayores de 80 años (cardenales excluidos), a pesar de que luego no podrán participar en el cónclave.
Está prevista hasta la forma de vestir de los asistentes a estas reuniones: los cardenales vestirán el traje talar ordinario negro con cordón rojo y la faja roja, con solideo, cruz pectoral y anillo. Las reuniones son presididas por el decano del colegio cardenalicio y suelen durar una hora.

En la primera congregación general los cardenales electores pronuncian un juramento por el que se comprometen a “mantener el secreto sobre cualquier cosa que de algún modo tenga que ver con la elección del romano pontífice”. También jurarán secreto el resto de personas que participarán de una u otra manera en el cónclave, los llamados conclavistas (asistentes de los cardenales, técnicos, confesores, personal de limpieza, etc.)

 

Las primeras decisiones del colegio cardenalicio

Las primeras decisiones serán los preparativos funerarios: día, hora y forma en que el cuerpo del Papa fallecido será expuesto en la Basílica de San Pedro; fijar las nueve misas funeral consecutivas (los novemdiales); medidas para que estén listas las habitaciones de la Casa Santa Marta donde se hospedarán los electores y la Capilla Sixtina donde se celebrarán las votaciones; decidir qué dos clérigos se dirigirán a los cardenales para exponer el estado de la Iglesia y en qué momento lo harán; aprobar el presupuesto para los gastos originados por el acontecimiento; y, finalmente, fijar día y hora de inicio del cónclave.

 

Funeral en la plaza de San Pedro

papa5El funeral oficial tendrá lugar al aire libre en la Plaza de San Pedro, si el tiempo lo permite, si no, en el interior de la basílica. La ceremonia la presidirá el Decano del Colegio Cardenalicio y será concelebrada por todos los cardenales.
Pero los ritos funerarios comienzan antes, en privado, con la presencia del Camarlengo, los cardenales, la familia pontificia y el maestro de ceremonias, que lee el “rogito”, un pergamino en el que se describe la vida y las obras más importantes del difunto. El secretario personal del Papa fallecido cubre su rostro con un velo blanco. El camarlengo rocía los restos con agua bendita. El maestro de ceremonias introduce  en el féretro una bolsita con monedas y medallas acuñadas durante el pontificado del difunto.

 

Triple féretro

El cuerpo del Santo Padre saldrá de la basílica de San Pedro en una solemne procesión presidida por el cardenal Camarlengo. Los Gentilhombres de Su Santidad transportan el féretro, forrado de terciopelo carmesí, y lo colocan en el suelo, sobre una alfombra. Encima, el Evangelio abierto.
Tras la ceremonia, los Gentilhombres colocan el féretro en otro de plomo de cuatro milímetros de espesor, que, a su vez, se mete dentro de un tercero de madera de olmo barnizada.
Después se coloca la tapa de olmo provista con un simple crucifijo (antes se ponía también una calavera), las armas papales y una placa de cobre con una inscripción.

 

Cónclave
papa8El cónclave es un lugar cerrado en el que se reúne el Colegio Cardenalicio para elegir al sucesor del Papa fallecido. El término procede del latín cum clave (bajo llave), y recuerda a las duras condiciones de aislamiento y clausura con las que se encerraban los electores para elegir Papa. Pero el cónclave es también, el proceso electoral más antiguo del mundo  por el que se elige democráticamente, y por sufragio de los cardenales electores, al monarca absoluto más antiguo de la historia, el Papa de Roma. Como es de suponer, el paso del tiempo ha ido perfilando los usos y costumbres en el cónclave.
Cada Papa retoca, modifica, la legislación vigente para el cónclave y la elección del sucesor del apóstol Pedro. Juan Pablo II, que fue cardenal antes que papa, asistió a dos cónclaves: el de la elección en agosto de 1978 de Juan Pablo I y el de su propia elección en octubre del mismo año. Por eso conocía a la perfección todo lo que ocurre durante el forzoso encierro. El 22 de febrero de 1996 publicó la nueva Constitución apostólica que recogía las disposiciones sobre la Sede vacante y la elección del Romano Pontífice, la “Universi Dominici Gregis” (“De todo el rebaño del Señor”).
La constitución apostólica especifica tres aspectos fundamentales: qué hacer cuando muere un papa, cómo se deben llevar adelante los asuntos vaticanos después de la muerte del Pontífice hasta la elección del nuevo, y la elección propiamente dicha, o sea el cónclave.

En cuanto al cónclave, el documento deja claro que los únicos electores del papa son los cardenales, y que ha de comenzar no antes de quince ni después de veinte días desde la muerte del Pontífice. Todos los cardenales están obligados a acudir al cónclave, a no ser que estén imposibilitados por enfermedad u otro impedimento grave, que deberá ser reconocido por el Colegio de los cardenales.
Según las nuevas normas del papa Wojtyla, los cardenales electores se alojarán en la Casa Santa Marta ,  y el cónclave seguirá celebrándose en la Capilla Sixtina.
También se crea, por primera vez, la figura de los predicadores conclavistas, dos eclesiásticos que predicarán a los cardenales sobre los problemas de la Iglesia en aquel momento y la elección iluminada del nuevo pontífice.
Pero la novedad principal del documento es la modalidad de elección del Pontífice, que a partir de ahora contempla únicamente la posibilidad del voto por mayoría de dos tercios de los cardenales electores (que siguen siendo 120 como máximo y todos menores de ochenta años). Juan Pablo II suprimió, por tanto, los otros dos métodos para la elección papal: por aclamación y por compromiso. Sólo queda, pues, la elección por escrutinio secreto, realizada por la mayoría de dos tercios. Benedicto XVI ha regulado también sobre este aspecto.

Se permite el acceso al cónclave del secretario del colegio cardenalicio, que actúa de secretario de la asamblea electiva, del maestro de ceremonias pontificias con dos ceremonieros y de dos religiosos, un eclesiástico elegido por el decano como su ayudante, varios religiosos de varias lenguas para las confesiones, dos médicos para eventuales emergencias, así como un número suficiente de personas para comedor y limpieza. Todas estas personas ajenas al colegio cardenalicio tienen que prestar juramento ante el camarlengo de observar el secreto absoluto de todo lo que acontezca.
Antes de comenzar el cónclave, deben hacerse controles precisos y exhaustivos para que en la Capilla Sixtina y en la Casa de Santa Marta no se hayan instalado medios audiovisuales de grabación y transmisión al exterior.

 

Pro Eligendo Papa

El cónclave se inicia, la mañana del día fijado, con la misa “Pro Eligendo Papa” en la Basílica de San Pedro en la que estarán presentes todos los cardenales (115 cardenales participaron en el último). A primera hora de la tarde, los cardenales electores se dirigirán en procesión hasta la Capilla Sixtina, cantando en latín el Veni Creator (invocación al Espíritu Santo, para que les ilumine en sus decisiones). El acto puede ser televisado.
No se permiten grabaciones ni de audio ni de vídeo en la capilla y los cardenales no pueden leer prensa, ni ver la televisión ni oír radio mientras permanecen en cónclave.papa9

 

Extra Omnes

Tras el juramento del Colegio en la Capilla Sixtina el maestro de ceremonias recitará las palabras Extra Omnes (Todos fuera), y todos los asistentes no electores abandonarán la Capilla Sixtina.
Los electores pronunciarán entonces un solemne juramento. El Camarlengo preguntará si se puede comenzar y, si no hay preguntas o dudas sobre el procedimiento, se procederá inmediatamente a la primera votación. Esa primera tarde sólo se vota una vez. En los días posteriores y durante todo el tiempo en que se prolongue el cónclave, se votará dos veces por la mañana y dos por la tarde.

 

La votación

Cada votación tiene tres fases: preescrutinio, escrutinio y postescrutinio.
El preescrutinio comienza con la entrega a cada elector de dos papeletas de votación. Son de papel blanco, rectangulares y llevan escrito en la parte superior el lema “Eligo in Summum Pontificem” (Elijo como Supremo Pontífice), con un espacio debajo para escribir el nombre en cuestión. Se pide letra clara y se aconseja escribir con mayúsculas, que son más impersonales, para hacer más difícil la identificación. La papeleta se pliega por el medio para que nadie pueda leer lo escrito. El diseño es de Pablo VI. Se eligen por sorteo tres escrutadores, tres revisores para computar el resultado, y tres enfermeros para recoger las papeletas de los posibles enfermos. Antes de proceder a rellenar las papeletas de voto, el maestro de ceremonias abandonará el cónclave y dejará solos a los cardenales votantes.
papa10El escrutinio propiamente dicho, exige un solo nombre por papeleta; escribir más de uno, invalidará el voto. Una vez rellenadas las papeletas, los cardenales se aproximarán al altar llevándolas bien visibles, para depositarlas en un cáliz-urna. Terminada la votación, se inicia la segunda fase, el recuento, y los tres interventores o escrutadores agitarán el cáliz para alterar el orden en que las papeletas han ido depositándose. Se cuentan las mismas, y si su número no coincidiera con el de los electores, se quemarían inmediatamente y se repetiría la votación. De los tres interventores, los dos primeros apuntan en silencio cada nombre según van abriendo las papeletas, y el tercero lo pronuncia en voz alta para que todos los cardenales que quieran puedan realizar su propio recuento. A continuación, enhebra una papeleta tras otra con el hilo de una aguja pasando a través de la palabra “eligo” de la frase que encabeza la papeleta, y cuando termina el recuento hace un nudo cosiendo todas las papeletas.
En la fase tercera y última del procedimiento, el postescrutinio, se hace una última revisión y un nuevo recuento de las papeletas para cerciorarse de que no existe irregularidad alguna.
Hasta el cónclave que eligió a Juan Pablo I (1978), las urnas eran cálices y copones. Las utilizadas para el último cónclave fueron tres urnas decoradas con símbolos del Buen Pastor. Una servirá para recoger los votos de los cardenales presentes en la Capilla Sixtina. Otra se utilizará para recoger en sus habitaciones de la Casa de Santa Marta los votos de los cardenales que por enfermedad no pudieran acceder hasta la Capilla Sixtina. La tercera servirá para recoger las papeletas después del recuento, antes de que sean quemadas.

 

Dos fumatas diarias

Después de las dos votaciones de la mañana y de las dos de la tarde, las papeletas y los eventuales apuntes de los cardenales se quemarán en la estufa preparada dentro de la Capilla Sixtina.
El término fumata significa humareda. El humo negro es señal de que no se ha elegido aún Papa (junto con las papeletas se introduce paja húmeda), mientras que el blanco indica que se ha producido una elección (con paja seca). Habrá dos fumatas diarias, una al final de la mañana y otra a media tarde, salvo el primer día en el que sólo habrá una votación.
La estufa se utilizó por primera vez en el cónclave de 1939, cuando fue elegido Pío XII. En la tapa superior están escritos con un punzón los años y meses de los cónclaves celebrados desde entonces. La histórica estufa fue reforzada con una segunda para producir más humo y que el resultado quedase más claro. También se decidió que cuando se produjera la elección sonarían las campanas de san Pedro.

 

Una pausa cada tres días

Las normas fijadas por Juan Pablo II, y ratificadas por Benedicto XVI, establecen que si al cabo de tres días de cónclave no hay un ganador, habrá una pausa de un día durante la cual los cardenales orarán y mantendrán contactos informales. Tras la pausa, se reanudarán las votaciones. Tras otros siete escrutinios, habrá otra pausa de un día para oración y cambio de impresiones.
Otras siete votaciones, y si se prolonga la falta de dos tercios de votos para un candidato, otra pausa.
Si tras otra ronda de siete votaciones no se elige candidato, el Camarlengo invitará a los presentes a pronunciarse sobre realizar, o bien una votación abierta por mayoría absoluta, es decir, el 50% más uno de los presentes, o bien una votación cerrada entre los dos candidatos con más respaldo hasta el momento.
El 11 de junio de 2007, el Papa Benedicto XVI firmó un Motu Proprio  por el cual se suprime la mayoría simple para la elección de su sucesor. A partir de su publicación, para elegir al siguiente Papa será necesaria en todas las votaciones la mayoría de los dos tercios de los cardenales electores.

 

La elección

El Camarlengo se aproximará al elegido y le preguntará: “¿Aceptas tu elección canónica como Supremo Pontífice?”. Si el elegido acepta, le vuelve a preguntar: “¿Cómo quieres ser llamado?”. El elegido responde y el maestro de ceremonias registra por escrito la aceptación del nuevo pontífice y el nombre que ha elegido.
A continuación preguntará al elegido con qué nombre ejercerá el pontificado. Esta es una tradición que se remonta al año 533, cuando un sacerdote llamado Mercurio, considerando que su nombre era demasiado pagano, lo cambió por el de Juan II.papa120

Después se dirige a la sacristía, donde le espera el sastre pontificio para ayudarle a probar la sotana blanca que más se adecue a su físico. Hay tres de ellas ya dispuestas que corresponden a las tallas estándar (large, medium, small) para facilitar el trabajo. También le esperan la muceta y la estola papal.

 

Anuntio vobis, habemus Papam

Antes de salir al balcón para impartir la bendición, el cardenal Protodiácono anunciará lo que todo el mundo está esperando: “Annuntio vobis gaudium mágnum” (“Os anuncio una gran alegría”)…
El nuevo Papa imparte su primera bendición Urbi et orbi (a la ciudad y al mundo) Puede añadir unas palabras antes o después de la bendición.


Misa de “coronación”

Pocos días más tarde, el nuevo pontífice celebrará la misa que marcará el inicio de su “reinado”. Se denominaba misa de coronación porque en ella se coronaba al papa con la tiara, en el mismo balcón y por el mismo cardenal que había anunciado el “Habemus Papam”. Pablo VI fue el último Pontífice coronado con la tiara.
Juan Pablo I rehusó ser coronado y se puso, en vez de la tiara, una mitra de obispo. Por tanto no hubo misa de coronación y la ceremonia se denominó “Misa solemne para marcar el comienzo del ministerio pastoral del Supremo Pontífice”. Juan Pablo II mantuvo esta misa y tampoco fue coronado.
Lo que sí tiene lugar es la imposición del palio y del anillo “del pescador” (un sello con la imagen de San Pedro y la barca con las redes).

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NORMAS DE BENEDICTO XVI
PARA LA ELECCIÓN DE SU(S) SUCESOR(ES)

22 de febrero de 2013

 “Con la Carta apostólica “De aliquibus mutationibus in normis de electione Romani Pontefici”, dada como Motu Proprio en Roma el 11 de junio de 2007 en el tercer año de mi pontificado, he establecido algunas normas que, abrogando las prescritas en el número 75 de la Constitución apostólica “Universi Dominici gregis” promulgadas el 22 de febrero de 1996 por mi predecesor el beato Juan Pablo II, restablecían la norma sancionada por la tradición, según la cual para la elección válida del Romano Pontífice se requiere siempre la mayoría de dos tercios de los votos de los cardenales presentes.

Considerada la importancia de asegurar el mejor funcionamiento de cuanto atañe, si bien con relieve diverso, a la elección del Romano Pontífice, en particular una interpretación y actuación más cierta de algunas disposiciones, establezco y prescribo que algunas normas de la Constitución apostólica “Universi Dominici gregis” y cuanto yo mismo dispuse en la Carta apostólica más arriba mencionada se sustituyan con las normas que siguen:

37. Establezco, además, que desde el momento en que la Sede Apostólica esté legítimamente vacante los Cardenales electores presentes esperen durante quince días completos a los ausentes; dejo además al Colegio de los Cardenales la facultad de anticipar el comienzo del Cónclave si consta la presencia de todos los cardenales electores, como la facultad de retrasar, si hubiera motivos graves, el comienzo de la elección algunos días. Pero pasados al máximo veinte días desde el inicio de la Sede vacante, todos los Cardenales electores presentes están obligados a proceder a la elección.

 

Duración de los últimos Cónclaves:

Juan XXIII, Roma, 1958: tres días.
Pablo VI, Roma, 1963: tres días.
Juan Pablo I, Roma, 1978: dos días.
Juan Pablo II, Roma, 1978: tres días.
Benedicto XVI, Roma, 2005: dos días.

 

 

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